Diminuto

Día 0

Nadie vive la eternidad. Morí junto a un beso. En la inmensidad, cada uno, apenas un destello. Punto o raya según la perspectiva. Yo, tan pequeño como diminuto; imperceptible. Existente, a veces invisible. Como tú, como humano, como animal; insecto. Negro, racial e inquieto. Oscuro como una sombra bajo la luz. Veloz en la lentitud si medito un balance con el alrededor. Algún tiempo me señala despacio y acepto. A veces lento como el movimiento de un peso denso que cambia de forma al aplastarlo entre tus dedos. Soy vertical  y en ocasiones horizontal. Tal vez desubicado. Soy como un truco de magia que muestra habitual la imposible gravedad ante tus ojos borrachos de odio. Apenas hay quién intenta beber su antídoto y permitirnos respirar. Todo es matar; eliminar, olvidar, borrar, asesinar y silenciar. Y yo vigoroso en el escondite ante los semejantes, soy la fragilidad ante la evidencia de un sopapo con piel de trapo. Silencio como el único ruido de un disparo atormentándonos. Sin mancha en el parqué, sin rojo en el cristal, sin huella ni pista en las cortinas. Soy inmemorial porque es innecesario el recuerdo cuando el tiempo en mis días es como un reloj de pulsera sin espacio para un rastro en la muñeca. Ni amor, tampoco cariño. Una mirada, dos, y diecisiete gotas abandonadas en la luz del cristal. Valientes como extraños porque cobardía quizá es quedarse quieto. Espero en tu idéntico final. Varía la distancia. Llegamos.

Día 3

Fui, desorientado, a posar mis pies finos y descalzos en la comisura de aquel beso ajeno. La altura de los ojos convierte ciertos objetos en puntos demasiado pequeños. Vuelto alto pero no crezco. Rápido, antes de que golpeen los dedos. ¡Qué bien huele su pelo!

DIÁLOGOS

-¿Dónde iras?

-Lejos, muy lejos. Tan lejos que ni siquiera seré un punto.

-¿Una coma?

-Una legaña.

-¿Qué es más pequeño que un punto?

-Medio… ¿tal vez?

-No, algo entero más pequeño que un punto.

-…

-¡Ya sé!

-¿Qué?

-El… ¡Joder! Lo olvidé.

-La memoria.

-El iris.

-Siete colores sin el arco.

-Hoy no llueve.

-Tampoco hace sol.

-¿Me harás el amor antes de irte?

-No sé.

-Aprenderás.

-¿Tú crees?

-Vuelas ya, ¿no?

-En un segundo.

-Eso es más pequeño que un punto.

Día 1

El aire abierto es imprevisible. Cerrado, a veces, pausado. Diminuto, lento, imperceptible pero existe. En el interior el vuelo es una celda de un solo barrote y la pared se repite como obstáculo en cada intento. Una misma repetición.  Repetición. Despierto o sueño y repetición, y atrás, detrás, tras de mí, sin poder echar la vista atrás, en el cristal, ya ni siquiera nos recuerdo. La pesadilla es cuando creo terminar sin tiempo para un día de cielo. Tras el ventanal, afuera, envidio el temblor de media gota. Afuera, lo que veo, inmenso, desde dentro es amar sin tocar. Ella lo intenta. Amaga, esquivo, azota, erra. Tregua. Entre las hojas verdes, a un palmo de la tierra, escondo mi vuelo. Tenso, de nuevo despego, e inesperado me engancho. En ella caigo. Rota. Un pico tan minúsculo que ni siquiera hubo una medida en la palabra diminuto. Absurdo como romper tres dientes en el suelo tras tropezar con el felpudo. Por seis segundos volar es un sueño miserable e inalcanzable. Imagino curvas libres sin un solo trazo, ni un solo estorbo en el aire, y al respirar, aparezco ahogado entre la piel y la uña rota de un meñique. Quizá pudo suceder. Aplaude y la inercia es una fuerza que me libera. En la esquina, el rectángulo es vertical y no tiene el color de la pared. Lo atravieso.

Día 3

A ras del suelo. Demasiados zapatos. Sin riesgo no entiendo la emoción. En movimiento sobre ellos, alrededor, ante, bajo, tras, delante. Entre el lazo de un cordón peligro mientras Walk like an Egiptian acelera reincidente y redundante la velocidad. Bajo el pasillo del dibujo de una suela que hace tiempo nadie limpió, curvo mi vuelo y disparo mis ojos hacia al cielo. A destiempo, desde el techo observo el movimiento. Levantan la puntera, mueven los tobillos, despegan del suelo, mueven y mueven a movimiento lento en gestos que parecen saltos, envueltos en Heat of the moment.  Exhausto, el filo de un cristal abandonado es un descanso en mi equilibrio. El tiempo vacía y silencia.

Siento necesario no chocar. Tocar sin golpear. Aparecer sin estremecer. Siento necesario también chocar. Tan pequeño que la miniatura requiere tu lupa para mi detalle. Nadie observa, algunos miran, todos ven. Adoro los ojos en el tacto, ciegos; descubriéndonos.  Cuando mueven los labios es como ruido, y a veces huye un pasillo de aire al romperse el beso. Es como como un viento enfurecido; como un cuchillo que ataca veloz y esconde de inmediato su filo en el bolsillo. Y sin embargo, ni siquiera tiemblo. Es perfecto el tacto de su piel; vello imberbe, rubio, diminuto e imperceptible cubriendo su piel. Enredan mis pies. Finaliza You can call me Al. Hold the line persigue. Aún casi quietos.  Ni siquiera tiemblo, repito, y es perfecto. Riesgo, y pese a todo me muevo con un camino sigiloso y despacio alrededor de los labios. Perfectos son sus ojos bajo la nariz, cerrados. No muero aún.

Día 2

Como un diente de ajo tendido en un bol de madera, entero, frío, desnudo, entre la sombra que dibuja media luz exterior del débil atardecer. Agrieta el silencio, y en la sartén al fuego el calor murmulla. Cuatro sillas de madera como puntos cardinales, cuatro platos como flechas que marcan el camino, y doce cubiertos como las horas del reloj. ¿Quién? Sólo uno aún. Y yo. Nadie sabe siquiera que bailo suicida aleteando alrededor.  Ha sido un descuido errado que me enjaula en otro interior. El mazo de piedra no avisa, ni amaga, y como rutina hunde con fuerza su golpe, una y otra vez, y destroza, e insiste y vuelve a romper. Como agujerear la sien. La sangre como arena no mide su posición y salpica. El aroma homicida nos envuelve, y sobre la pared, tras la libertad, ella repite, yo retrocedo y busco que el color del cristal invisible sea ausencia. Choco, rezongo, choco, farfullo, choco, zumbo, choco, repito, y cuando el eco del crimen desaparece y el fuego brama, atravieso de nuevo.

DIÁLOGOS

-¿Dónde estamos?

-Aquí.

-Pero la posición, el lugar, el punto, el objeto…

-Blanco.

-¿Qué?

-El suelo es blanco.

-¿Lo crees?

-No, pero algo me atrevo a decir.

-¿Y qué tal si por una vez no decimos nada?

-Imposible.

-¡Intentémoslo!

-¿Y qué hacemos?

-Si no sabemos dónde estamos, ni siquiera el color donde nos posamos, ni dónde iremos, ni de dónde venimos, y tampoco qué y cómo respiramos, si nos sabemos nada, ¿por qué no hacemos nada?

-…

-¿Lo hacemos?

-…

Día 3

Treinta y tres. Un número acertado para nunca haber aprendido a contar. No son pies. Cabezas tal vez. Llueve. En la oscuridad apuesto que nunca lloverá. Alineadas como una serpiente curvada en busca de su camino, todos arriman, cobardes, su posición a la pared. La luz cruzándose como reclamo es estúpido; rojo, verde, amarillo. Repetición. No hay necesidad de iluminar. Ha muerto la naturalidad. No obstante, todo es temporal y cíclico, porque aún siempre regresa y amanece. De un impulso elevo mi cuerpo, me enfrento al techo y ante el suelo, recto, aparentemente todo es libre. Es difícil utilizar la memoria cuando no existe. Imposible si está rota. Fácil sin uso. ¿Dónde empieza lo que termina? Dentro, no entiendo, pero es el primer paso hacia un destino. Ensordece Video killed the radio star. Paradoja.

DIÁLOGOS

-¿De dónde venimos?

-Del pasado.

-¿Ayer?

-Ayer puede ser presente todavía.

-Y mañana quizá no sea futuro.

-Exacto.

-De nada sirve el calendario.

-Para creer, tal vez. Predice un futuro inexistente.

-¿Cómo el reloj?

-Controla el tiempo.

-Nuestra vida. Cada instante del día. Nos dicta los movimientos. Nos obliga.

-¿A qué?

-A despertar, a dormir.  A comer.

-¿Tú duermes?

-Si pudiera, contigo.

-Me amas.

-No lo sé.

-Si lo supieras no lo sentirías. O no lo entenderías.

-Nada cambia.

-El tiempo constantemente.

Día 3

Su pelo es un aroma embriagador. Su pelo es el descuido del beso y el cementerio perfecto para un insecto. Hipnotiza, sedoso, suelto, descuidado por los brazos que caen más abajo, donde empiezan los insaciables agujeros. Dentro es sencillo ser perfecto. Fin y comienzo. Los labios presos en el beso ignoran Lovefool. El equilibrio continúa siendo armonía mientras mis pies dan saltos entre los mechones. Hermoso. Ebrio, como si la razón fuera sinónimo de olvido. Mi camino, de pronto, cojea porque quizá perdió, ignoró el destino. Mi tamaño, diminuto, más invisible e imperceptible, durante un instante no es medido. No existen los centímetros. Vacío, como perderse tan lejos en la amplitud del cielo, que ni siquiera un telescopio logra que pueda ser visto. Enredado. Y mientras mezo mis pies descalzos en su lecho, mientras guardo el aleteo para un tiempo inconcreto, sin reloj ni calendario, un zarpazo como un martillo hundiendo un clavo en el suelo.

Que mis alas estén en contacto con el suelo es la evidencia del fin de un vuelo. La velocidad de mis pies en el aire, seis, claman, ruegan, patalean, defienden, y cuando observo en mi lejanía o la suya asumo que he roto el beso. No duda la piedad ante lo diminuto, y mientras envuelve I want you back, la suela del zapato logra poner toda la oscuridad.

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4 comentarios en “Diminuto

  1. Diminuto??? ENORME RELATO!!! Como siempre, hermosas imágenes. Cuando creo que has dibujado una frase insuperable en belleza, llega otra y otra más. Es magia, Dani. Escribes magia. Me quedo con este caramelo para los sentidos “Ebrio, como si la razón fuera sinónimo de olvido”. Una vez más, te felicito. Un abrazo tan enorme como tus palabras.

    • Gracias, Camen!! Quizá Galway me de otros aires, que necesite o no, no lo sé, pero seguiré escribiendo. No tanto como antes, al menos no públicamente, pero seguiré.
      Gracias por tus palabras!!
      Un abrazo!!

  2. Echaba de menos leerte, no lo puedo evitar… y mirarte. Mirarte mirar. Tus palabras, hundidas en un lenguaje tan tuyo y tan abierto a la emoción de cada detalle, de cada silencio que amplifica todo tu imaginario…

    Quizá esta vez me suena tu vuelo más contenido, más suave y trenzado con verbos que danzan sobre mis propios ojos tristes. Quizá por eso me ha conmovido más este relato que otros, aunque en cada uno de los que he leído llevas de la mano a experimentar la realidad desde unas perspectivas que nunca finalizan porque son universos especiales llenos de ti y tienen eco propio. El tuyo. Lo logras, y has de estar orgulloso solamente con eso.

    Tus ojos, afortunadamente, no son diminutos.

    Un placer seguir al escritor, al que hay detrás del cristal y del verde que mira sin preguntar ni responder. Pero está.

    Aránzazu

    • Cuando escribo no mido cómo puede sentirse el lector. En este caso el protagonista, sea ser humano, animal u objeto. Quizá todo fue más suave, con mimo, comedido, porque no vi mucha garra y fuerza en la voz de la historia…
      Sigo estando, escribiendo, cada menos tiempo, pero sigo…
      Gracias por seguir leyendo, y estando! 🙂

Seamos valientes

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